El Barça se ha quedado sin su “obsesión“, como lo llamó el mismo entrenador portugués, gracias a una red defensiva vergonzosa pero de efectividad indiscutible. El Inter terminó con seis defensas sobre el campo (Maicon, Samuel, Chivu, Córdoba, Lucio y Zanetti), y aguantó como pudo el resultado para hacer válido el 3-1 de la ida y meterse en la final.
Lecturas sobre el partido hay muchas. Hoy arden los foros y las redes sociales con gente recordando el 2-6 culé y las 9 Copas de Europa madridistas. El caso es que Mourinho, que maneja la presión como un extraterrestre, volvió a ganar sobre el campo, y a su manera. Primero incendió la previa advirtiendo que la única motivación que despierta al Barça para ganar es su antimadridismo. Una verdad dolorosa que sólo podía salir de la boca de alguien impermeable al insulto.
Después, “el traductor”, como le llaman despectivamente en Barcelona, ideó un partido de vuelta italianísimo. Cerrojazo. ¿Es esto cobarde? ¿Lo hubiera sido si hubiera sido si el que se hubiera aprovechado de ello para pasar a la final hubiera sido el Barça? ¿O es que meamos tanta colonia que ya ni nos imaginamos a los culés jugando a defender? Como bien apuntó un usuario en Twitter (@masquefutbol), defender es un arte, igual de importante o más que atacar.
De hecho, uno de los mejores jugadores del Barça en la actualidad, y el único que se salvó de la quema anoche en las huestes de Pep, es tan buen defensor como atacante. Gerard Piqué sigue demostrando siempre que tiene la ocasión que va para central de época. Su recurso técnico en el 1-0 supera con creces las filigranas que hemos visto a Ibrahimovic en los anuncios de Nike. Por tanto, defender no es tan malo, y menos aún si ya vienes con un resultado favorable.
Lo que sí ha quedado claro es que el odio de la afición culé y su “no saber perder” son ya síntomas evidentes de un equipo que ha caído por el precipicio del elogio. El detalle de los aspersores al final, regando únicamente la zona del campo donde los jugadores del Inter estaban celebrando el pase, fue sencillamente lamentable. Mourinho, ajedrecista de teatro, jugó sus bazas después en rueda de prensa, y se limitó a apuntar un dardo: “Nosotros no jugamos con la piel, pero pusimos toda la sangre sobre el campo”. Chorreo táctico, y final en el Bernabéu.







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