Hacía tiempo, y no recuerdo cuando exactamente, lloré por el Atleti por penúltima vez. La última fue el miércoles, después de que el balón de Forlán entrara en la red en el minuto 116 de partido. Me cuesta describir las sensaciones de cada momento, pero todo se resume en dos cosas: alegría y emoción. Tuve instantes de locura y éxtasis total y otros de ensimismamiento, como si no me lo terminara de creer. Iba como drogado y/o borracho sin haber probado una gota de alcohol. Gracias por lo que me (nos) habéis hecho vivir. No sé si el Atleti es diferente al resto, que en algunas cosas puede lo sea, pero lo que sí pasa es que los aficionados lo llevamos muy dentro, con todo lo que eso conlleva. Forza Atleti gane o pierda, y ahora que hemos vencido, tenemos que disfrutarlo. A ver si el miércoles en Barcelona podemos repetir.
En la retina de los colchoneros quedará el 12 de mayo de 2010, sobre las 23:10, cuando el uruguayo anotó el gol de la victoria, el tanto de un nuevo título que nos quitaba tantos sin sabores. Un éxito, conseguido con mucho esfuerzo y después de muchas decepciones, sabe mejor. Y de eso nosotros sí sabemos un poco. Especial alegría en mi caso la que también sentí por mi hermana y mi primo pequeño, que no vieron el Doblete y sólo la mala época colchonera.
El fútbol y el Atleti, para nosotros, es algo muy grande porque supera lo puramente racional. En estos días, los problemas realmente han pasado a segundo plano porque una felicidad permanente, una sonrisilla tonta, te embarga constantemente. Que cada uno se lo tome eso como quiera. Pensado fríamente es una gilipollez, un opio. Pero ese opio se apodera de nosotros en momentos como estos, y no queremos tampoco reprimirlo.
Sin orden ni concierto, escribo todo esto tras repasar mentalmente estos dos últimos días y volver a emocionarme con esta grandiosa narración (gracias Fran).
PD: Tengo el soniquete del bendito himno de Sabina todavía en la cabeza: “Qué manera de subir y bajar de las nubes, que viva mi Atleti de Madrid”.
PD 2: Gracias también a todos los que me habéis felicitado estos días. Me alegra mucho la gente que se ha acordado de mí en primer lugar cuando ha acabado el partido o que gente, que no comulga mucho con el equipo, se haya alegrado POR MI. Y gracias a uno de los mejores madridistas que conozco por vivir el partido a mi lado, viniéndose a “nuestro terreno”, casi sufriendo como yo. Eres grande Jorge, ya te lo dije cuando acabó el partido.












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