Qué poco le dura a Cataluña la calma y el buen hacer. Los titulares y columnas de opinión de sus periódicos deportivos, SPORT y MUNDO DEPORTIVO, son el fiel reflejo de la bilis que excretan aquellos que no soportan que el mejor Barça de la historia vaya por detrás de un Madrid tirando a normalito que, a lo tonto, ya es el único equipo de la historia de la Liga que ha marcado 3 o más goles en ocho partidos consecutivos en la misma temporada.
Que el máximo objetivo del catalanismo sea levantar la Champions en el Bernabéu también es una prueba evidente del daño que ha hecho que el Madrid sea el mejor equipo de la historia. El equipo de uniforme blanco, limpio, inmaculado, que ellos llaman mesetario y españolista, es el modelo a seguir y el equipo a batir, aquí y en la China Popular, que diría aquel. Por eso, cuando el Madrid gana, sólo hay dos opciones posibles a titular:
a) Que haya sido contra un rival de escasa entidad que no haya ofrecido resistencia alguna.
b) Que el árbitro les haya ayudado.
Tras el 3-1 al Sporting, tras un partido muy infame del Madrid, tenían que llegar los titulares fáciles y conspiratorios que semanas atrás eran pecado en periódicos como AS y MARCA. Por aquel entonces, en plena efervescencia del Villarato, los periódicos catalanes (y catalanistas, que es peor), repetían una y otra vez: “Los árbitros unas veces dan y otras quitan”. Hablaban, claro, de las rojas perdonadas, penaltis en contra no pitados, el no-penalti a Xavi contra el Espanyol, el robo del año pasado contra el Chelsea en semifinales de la Champions, y demás.
Hoy, tras las supuestas manos de Van der Vaart en el 1-1, también lloran. Que si ayuditas, que si el árbitro le echa una mano al Madrid (facilísimo), etc. Y el único que tenía derecho a quejarse de verdad, Manolo Preciado (entrenador del Sporting), dijo: “No sé si hay mano pero me da igual porque a veces es al revés”. Pero el dolor de verse por debajo es enorme, sobre todo para un equipo que no sabe perder y que se ha malacostumbrado a que todo el mundo le baile el agua.
Dicho lo cual, advertimos: de seguir este tira y afloja con los titulares y las informaciones manipuladas, con los dardos envenenados entre capital y tierra hostil catalana, miedo nos da que el Barcelona llegue finalmente a la final del Bernabéu. Se puede liar muy gorda, si seguimos calentando al personal con la guerra fría del fútbol. Un deporte que mueve pasiones, y muchas de ellas, demasiado bajas.










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