Por Javi García.
Ayer, cuando viajaba en el metro en busca de mi amigo Wally que venía de Alemania, me fije en la gran cantidad de personas que me rodeaban. Ancianos, niños, adultos, la gran mayoría enfundando la camiseta del Real Madrid. Se jugaba el trofeo Santiago Bernabeu, también era la despedida de Míchel Salgado. Este gallego ya no era un jugador del Real Madrid, era una institución. Se ganó 4-0, Ronaldo sigue sin aparecer, Raúl sigue sumando. Pero volvamos al tema de camisetas.
Me estuve fijando en todas y cada una de ellas. La de este año con Ronaldo a la espalda, también había muchas de Kaka’. Para mi sorpresa, pude ver alguna también de Raúl (del que ya hablaremos largo y tendido) y al final encontré algo que no esperaba encontrarme. Allí estaba, blanco brillante y el 2 a la espalda. La camiseta del año de la ‘Octava’ de Míchel Salgado. Para mi fue una grata sorpresa encontrarme con esa camiseta. Seguro que Míchel se hubiera emocionado al verla, ya que para él, esa camiseta es la muestra de que en su momento fue el mejor lateral diestro del mundo.

Aquel 11 destacaba por el todopoderoso Raúl y esos dos carrileros ‘al más puro estilo brasileño’, que se subían y bajaban la banda cuantas veces querían. Roberto y Míchel. Roberto mas explosivo, Míchel mas persistente. Hizo de la fuerza y la casta su identidad. Peleó por su escudo más que cualquiera que anduviera por el cesped (con permiso del 7). Estaba en la élite.
El tiempo pasó y las nuevas generaciones conocieron a un Míchel mermado por su físico. Un Míchel falto de calidad y anclado al banquillo por la irrupción de un Sergio Ramos que a día de hoy está flojo, muy flojo. Pese a su deficiencia física, Míchel se dejaba la piel en cada partido. Era algo más que orgullo profesional, era orgullo por un escudo, y eso, no lo paga el dinero. Su salida ha sido lo mejor para él y para el Real Madrid. Ahora luchará por un puesto en la ‘Premier’.
A día de hoy, en este Real Madrid de neo-galácticos ya queda poca casta. Raúl, Casillas, Granero y poco más. Aún se sigue esperando a que Guti meta la pierna o que Ronaldo haga algo más que lanzar faltas y pasar balones atrás. Sin un estilo de juego definido, solo se puede vivir de individualidades y de casta. Con Capello fue la casta, veremos que es con Pellegrini.
últimos valientes