El sentimiento de “La otra Roja”

11 06 2010

¿Qué pinta la crítica de una peli en un blog de deporte? Nada, al menos a priori. Pero si hablamos de films que hablen de fútbol (Evasión o victoria), baloncesto (Una tribu en la cancha), boxeo (Huracán Carter) e incluso sobre unos jamaicanos compitiendo en bobsleigh (Elegidos para la gloria); la cosa cambia. Además, parafraseando a nuestro querido Manu Mañero la mejor combinación que existe después del “alcohol y sexo” es la de “deporte y cine” (aunque no sabemos en que orden).

¿Y por qué no? Con estos comentarios que no son ni cinéfilos ni deportivos, tenemos la desinteresada intención de arreglar la situación de muchas parejas que se pelean porque uno está más pendiente de cuando se romperá Robben otra vez que de su compañero sentimental; mientras que la otra parte dedicaría su vida a pinchar balones y prohibir la práctica de actividad física.

Así, una película con deporte de por medio es la opción más salomónica. Porque a ver… ¿quién no se emocionó  con Russell Crowe en “Cinderella Man” y disfrutó de sus combates o sufrió con el “FanáticoRobert de Niro y vivió los bateos de Wesley Snipes?

Con todo aclarado ya solo nos queda lo más importante, que es hablar de nuestra primera película. Y como estamos de Mundial y tenemos a la roja hasta en la sopa nosotros no íbamos a ser menos, aunque desmarcándonos hablando de la otra roja. ¿Cómo? Sí, de la otra roja, la selección chilena, con quienes compartimos sobrenombre y que será rival de Casillas y compañía en esta primera fase.

El film que os traemos es “Ojos rojos”, un documental que repasa lo acontecido en la última fase de clasificación y el sentimiento renovado de un país tras varias decepciones gracias al trabajo de Bielsa y su equipo.

El documental plasma toda su fuerza y emoción en dos pilares: las declaraciones de sus protagonistas, que no se limitan a los jugadores de la selección, sino aficionados y personajes destacados de la vida latinoamericana como el escritor Eduardo Galeano, el presidente de Bolivia Evo Morales, o la mano derecha de Florentino Pérez y filósofo del fútbol, Jorge Valdano. Destaca por encima de todos, sin embargo, la entrañable historia de un periodista por vocación, que llegando a costear de su bolsillo el acceso a los campos (el ninguneo a los medios pequeños no se da solo aquí) demuestra lo que es el amor por unos colores y la sinceridad y la pasión por su trabajo para hacer llegar a algunas zonas del sur de Chile (en las que ni llega la señal de la TV) la lucha de su selección por alcanzar la gloria mundialista.

Ojos rojos” no es un documental saturado de efemérides ni de estadísticas, es un film que aboga por el sentimiento de un país y su afición. La excusa de la clasificación para Sudáfrica da pie a descubrir lo que significa la selección para su gente, más aún, es una suerte de metáfora de como es Chile a través de su equipo nacional.

El otro pilar del que hablamos son las imágenes de los partidos en sí. Sin voz en off alguna. Solo el griterío de las gradas y a veces ni eso, quedando únicamente las respiraciones de los Suazo, Vargas o Matilla y los golpeos al balón. El espectador frente a la acción. Son instantes en los que el documental se desnuda y convierte en imágenes todo lo que han ido diciendo sus protagonistas. Tanto la alegría como la desilusión.

Y es que si de algo puede presumir Ojos rojos es de no ser autocomplaciente consigo mismo y mostrar a la selección chilena tal y como es. Con sus virtudes y sus defectos. A ello ayuda y enriquece la estructura seguida por el mismo, que da comienzo con la decepción que supuso la no clasificación para el Mundial de Alemania en 2006 de una selección entrenada por Nelson Acosta sin garra y apática. La segunda parte corresponde al camino seguido por la selección del “loco” Bielsa, para clasificarse al Mundial de 2010. Lo que empezó con muchas dudas respecto a la capacidad del mister y el planteamiento con el que iba a los partidos, así como hacia la la valía y compromiso de sus jugadores se transformó poco a poco (a base de grandes actuaciones entre las que destacó su victoria sobre la vecina Argentina) en devoción y entusiasmo por la roja, con las esperanzas en que, esta vez sí, Chile lograra el billete para Sudáfrica.

Para comprender bien el presente de la selección de Chile, no podían dejar de recordar el lamentable episodio protagonizado por el cancerbero Roberto Rojas y la bengala en el partido clasificatorio para Italia ’90. Y es que los tramposos se encuentran en todas partes.

Chile está volcada con unos colores y Ojos rojos es el ejemplo de ello. Una sociedad y un país entero reflejados en dos clasificaciones mundiales. De la tristeza a la esperanza.  Yo, hoy, me siento un poco más de la roja.